lunes, 26 de enero de 2009

CAPÍTULO II "PÉTALOS DE CEREZO"

expr:id='"post-body-" + data:post.id' itemprop='articleBody'> Hola a todos, tal y como se los prometí cada semana les traeré un nuevo capítulo de esta maravillosa historia, hoy le toca al cápítulo 2 "Pétalos de cerezo" espero disfruten la lectura y me hagan saber sus comentarios, Ahh y no se pierdan el cápítulo 3 la próxima semana que se pondrá muy emocionante ^^, me despido y que tengan una muy buena semana.



El despertador comenzó a repicar sin cesar; un nuevo día había comenzado.

-Por lo que veo, te gustó mucho el anillo, aún lo llevas puesto.

Akari se acababa de atragantar con un suculento maki.
*Maki: pescado y arroz cocido aderezado con vinagre de arroz, azúcar y sal. enrollados en una hoja de alga nori.
-Sí, abuelita, me gustó mucho, nunca había tenido en mis manos algo tan valioso.

La chica sonrió y prosiguió comiendo con desesperación su desayuno.

-Cariño, come más despacio o terminarás ahogándote.

-Lo siento, abuelita, es que me fascina todo lo que tú cocinas.

La anciana sólo sonrió mientras buscaba algunas hierbas de té.

-Akari, me preguntaba si podrías ir a la otra orilla del lago y traerme hojas de cidrón para el té de esta tarde.
-Sí, abuelita, con tal de que prepares ese delicioso té, voy por todas las hojas que quieras.

Tan pronto como terminó de desayunar, la joven se apresuró a buscar una canasta…
"Es raro que haga tanto frío… si ayer estaba tan soleado…"
"Me gustaría ir a visitar a la señora Matsura, quizás ya le llegaron esos pastelillos tan deliciosos que vende… ¡No, Akari, no! ¡Deja de pensar en comida, mejor ve por el encargo de la abuela o se te hará más tarde!"
…después caminó hacia donde estaba anclado el bote.

La neblina cubría por completo el lago, era casi imposible andar por ahí.

Akari se subió a la canoa y comenzó a remar sin saber a dónde la llevaría la corriente.

Luego se recostó sobre una vieja manta.

-¡Qué bien se siente… es como si descansara en un colchón de agua!

El mecer de la canoa y el canto de los pájaros que no se lograban ver por la neblina, fueron arrullándola lentamente…

…hasta que quedó profundamente dormida.


El rostro de aquél chico misterioso, se encontraba cubierto en lágrimas, tal parecía que sufría mucho.
-Por favor… No llores…

-Por favor… No llores… te lo suplico…

Akari sintió como que si su corazón hubiera sido roto en pedazos y no pudo contener sus lágrimas.
Y como la vez anterior, trató de abrazarlo pero sus manos volvieron a traspasarlo.

Entonces se sentó junto a él e hizo como si recostara su cabeza sobre el hombro del chico.

-¿Por qué siento como si te quisiera mucho…? No me gusta verte triste…

Su voz se perdía en el viento sin llegar a los oídos del joven, quien permanecía viendo el ocaso.

-¿Así se siente cuando quieres a alguien?

Una lágrima de Akari cayó justamente sobre la mano del chico…

…y al sentirla, él se sobresaltó y volteó su mirada.

-¡Akiko! ¡Estás aquí, ¿verdad?! ¡Estás conmigo, ¿cierto?!

-¡Sé que estás aquí, puedo sentir tu presencia!

-Por favor, mi amor, déjame verte…

Nadie respondió, Akari se sorprendió de que pudiera sentir su presencia pero no verla, mas no dijo nada.
-¡Mi amor, ¿dónde estás?! ¡Necesito verte! ¡Por favor, déjame verte, te lo ruego!

Las lágrimas del chico comenzaron a brotar en mayor cantidad.

-¿Dónde… dónde estás…? ¿Por qué… no puedo verte…?
Ya no pudo aguantar más, sus rodillas se doblaron tirándolo en la arena. Akari, aunque quería hablarle, sabía que sería en vano puesto que él no podía oírla.

-Akiko… te extraño… te extraño mucho…
El perfume de las flores de cerezo comenzó a inundar el ambiente…



Miles de pétalos de cerezo comenzaron a caer en una lluvia sin fin.

Lentamente se fue haciendo visible un puente…

…y centenares de árboles de cerezo que descansaban sus raíces sobre las aguas de un tranquilo arroyo.
Al volver su mirada, Akari se sobresaltó al encontrarse con…

…el bello rostro de una mujer que vestía un hermoso kimono y que se parecía mucho a ella.

Su sonrisa era tan cálida como la de su madre y su abuela, y sus cabellos eran negros como la madrugada.
La bella dama tan blanca como una muñeca de porcelana, se acercó a ella y le acarició dulcemente su rostro.

-En realidad, somos muy parecidas…

La dama miró por un segundo el anillo que llevaba Akari.

-Me alegra que seas tú quien lo tiene… Muy pronto, se avecinan tiempos difíciles para ti, por eso… cuando estés triste, tan solo derrama unas lágrimas sobre él y todo tu dolor te será recompensado…
La misteriosa dama volvió a sonreír y al acariciar de nuevo el rostro de Akari…

…desapareció junto con una luz intensa y centenares de pétalos de cerezo.

El golpeteo de algo sobre su cuerpo, la volvió en sí.

Akari abrió lentamente los ojos, se había quedado dormida y el bote golpeaba fuertemente con las rocas de la orilla.

-…¿tan sólo fue un sueño?..

Sin darse tiempo para asimilar lo que había soñado, se levantó bruscamente y se tocó la cara una y otra vcz.
Pero al bajar su mirada, sintió un ligero mareo de incredulidad.

Toda la superficie de la barca se encontraba inundada de pétalos de cerezo.